GANAS…SIEMPRE

La inseguridad hace que nuestra piel quede al descubierto, que aquello que nos da miedo, nos gane. Un abrazo que no nos han dado, un te quiero, un tengo ganas de verte… o incluso un mensaje muy subido de tono, que nos hace sonreír y activa nuestra mente como bien sabemos. La inseguridad es realmente puñetera, cuando creemos que todo va bien, aparece creando dudas.

Pero ¿dónde somos realmente vulnerables?, tengo mi teoría, hay un lugar y un momento en donde necesitamos sentir cerca a la otra persona, no me vale un estoy cansad@, o media vuelta y hasta mañana. La piel necesita piel y sentir ganas.

No me entra en la cabeza que si realmente te gusta una persona, tengas una noche de sexo interminable y luego no tengas un gesto de cariño, aunque no siempre hay amor, porque en mi opinión es algo que debe ir creciendo si es que merece la pena ese alguien o simplemente ha sido una noche de sexo sin compromiso, pero ¡ay ese gesto!, qué importante es. Hay muchos hombres con miedos de que no nos guste el ritmo, de no dar la talla, de que los nervios les jueguen una mala pasada… y acaben pronto, miedo a no saber dar con la tecla y éso es porque les importas.

No hay nada mejor que esos despertares llenos de humedad, aún con los ojos a medio abrir, con sueño y ganas, notando su calor o su mano acariciándote, no importa la hora de la noche o de la mañana, para el sexo no hay hora, aunque muchos tengan los sábados marcados. No soy de sábados, soy de ganas. Ganas de que la otra persona me ponga, ganas de notar su calor recorriendo mi cuerpo aún medio dormido, ganas de notar su mano acariciándome la espalda, sabiendo que va a seguir su recorrido por más rincones.

Y pese a saber que quiere más, hacerme la remolona porque me gusta notar cómo quiere despertarme, porque tiene las mismas ganas que yo. Notar esas ganas da vida, es hablar sin mirar, es tocar y consentir, es excitarse sólo con pensar que es él o ella. Es tener ganas y ponerlas. Porque cuando no se ven esas ganas tendemos a dar esos dos pasos hacia atrás para ver si realmente hay algo especial por la otra parte que te haga volver a darlos y dar el resto.

Que te hagan sentir especial, por momentos, por miradas, por complicidad. Que te digas… ¡me lo como! aunque no sepas si será recorriendo su piel con la tuya o conquistando con la lengua las zonas más sensibles hasta llegar a su sexo (éste también es muy buen despertar y lo sabéis). Despertar con su lengua entre tus piernas o tu boca acariciando su miembro… Benditos despertares que hacen que todo empiece de otro talante y miradas cómplices que te llevan a la ducha. Y son esos momentos, los que te devuelven la seguridad porque hay complicidad, porque sabes que estáis cerca aunque no os veáis todo lo que os pide el cuerpo. Ganas, es la palabra que bien puede con la inseguridad, y ganas son las que hay que poner en todo y que se note.

Ganas hasta con uno mismo, acariciarnos mientras pensamos en ese alguien que nos pone o montarnos la película perfecta para follar nuestra cabeza y terminar corriéndonos con nuestros dedos, sonriendo al terminar con esa mirada que lo dice todo y que nadie ve, porque son nuestros momentos.

Momentos que nos hacen conectar con nuestro cuerpo, tan agradecido dándonos placer y muchas veces dándonos pequeños regalos de excitación que hacen que descubramos nuevos rincones para disfrutar. Qué importante es conocer nuestro cuerpo y disfrutar mutuamente.

Espero que vosotros sigáis descubriendo el vuestro y pongáis en práctica esos momentos de soledad o acompañados, aunque no sea sábado.

Y como siempre, os dejo un enlace donde podéis escucharme en Radio a Bordo, https://radioabordoonline.wordpress.com/category/buscando-mi-abridor/

Pongamos GANAS a todo, y que se note. Ahora yo pregunto, ¿cuándo no habéis notado esas ganas y qué hicisteis después? porque si yo no veo ganas…

Hasta el próximo miércoles, como siempre, gracias por participar en este blog lleno de sexo, mentes sucias muy limpias y ganas por cada poro de la piel.

G & G

En qué momento…

Y llega un día en el que te das cuenta que te estás arreglando para alguien que te hace sonreír, que te cuida, que saca momentos para enviarte un mensaje, para sorprenderte y te hace disfrutar como nadie en la cama, porque es capaz de sacar ese lado salvaje que no tod@s han conocido, y te pone mucho ser tu yo más íntimo, sacarlo, jugar y terminar sin aliento.

Pero también sabes que tiene pareja, que aunque siempre habías dicho éso de “yo no estaré con alguien que esté con otra persona”, se convirtió en un a tomar por saco, cuando no pudiste decir más veces no, porque te gustaba cada vez más, a sabiendas de que no iba a estar en momentos importantes, a sabiendas de que la gran mayoría de las noches no estaría a tu lado y lo peor, que sabías con quién y en qué cama.

Aquí no hay sexos, a todos nos han podido engañar o ser quienes estaban por momentos, y seguramente, los mejores, los irrepetibles, los de las locuras, los de sudar hasta decir basta, de jugar, de probar… quedar a escondidas, besarse con ganas exprimiendo cada momento, provocar sexo, sí, sexo, con una mirada que invita a desnudarte, con un gesto húmedo en los labios, porque los labios, para besar y otras cosas, deben estar húmedos, y éso lo provoca quien tienes enfrente porque te mueve.

Pero ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar o a soportar?, porque hay que ser de mente muy fría para no pasar la barrera de los sentimientos si éso se alarga mucho tiempo. Quizás me equivoque, pero tengo la sensación de que en esta situación hay dos clases de “los otros”, los que lo toman como un juego, sin querer nada más y además lo tienen claro, incluso dejando esta relación de a tres por otra persona y los que no son de piedra y terminan sintiendo, y es ahí donde las decisiones llaman a la puerta. Sea lo que sea, la otra o el otro, es complicado si eres de sentir.

Pero la vida está para disfrutarla, aprender, conquistar nuestro cuerpo y el de otros, así que quizás, no sea tan mala opción vivir y ver que te cuidan sin compromisos, creo que es la mejor lección de que todo puede acabar un día cualquiera y debes vivirlo intensamente mientras dure. Hay que ser valiente para hacerlo, sabiendo que quizás nunca sea tu pareja. Y cuando sientas que debes alejarte, simplemente, hazlo. Claro que luego está la versión de “yo paso”, pero ayyyy, no siempre se puede elegir cuando el corazón se menea o te lo sacuden y más si te lo sacuden en la cama, porque el sexo, engancha más de lo que creemos. Y si hay sentimientos, estamos perdidos.

Supongo que a ciertas edades ya todo nos importa de poco a una mierda, y queremos vivir, disfrutar y por supuesto, no quedarnos con las ganas. Aunque he de romper una lanza por aquellos que toman decisiones y dan un paso al frente para regalar más momentos a quienes no los han tenido y os aseguro que les va muy bien. Muchas veces, las decisiones más arriesgadas, llenas de incertidumbre y sin rumbo, terminan en el mejor destino, el que nos hace felices.

Señores, no pensemos tanto, la sociedad no está preparada para personas que se salen del tiesto, que disfrutan del sexo y se saltan las normas, ésas que seguramente están llenas de hipocresía y que son criticadas por quienes las cumplen y crearon.

No dejemos de sentir escalofríos, de sentir calor por dentro, de SENTIR, algo tan importante y que nos mueve a hacer locuras, ésas que nunca abandonarán nuestra cabeza y que al recordarlas, nos harán sonreír, y sobre todo, ésas que disfrutamos con alguien que es especial y nos hace temblar al ser acariciados, que nos eriza el vello y hace que la imaginación vuele para la siguiente cita. Porque si quieres repetir, es por algo, y a mí me gusta repetir con quien merece la pena, porque si te sientes cuidado, ya te has respondido. La vida hay que vivirla.

Como siempre, un placer abrir un debate sobre un tema que puede interpretarse de varias formas, y quizás hoy la interpretación sea muy diferente a lo que estamos acostumbrados, de éso se trata, ¿no?, de abrir las mentes y quizás otras cosas.

Os dejo el enlace donde podéis escucharme en Radio a Bordo. Hablamos de las fantasías de las mujeres… https://radioabordoonline.wordpress.com/2020/11/17/las-fantasias-de-las-mujeres/

Hasta el próximo miércoles, vamos a ver si me sorprendéis con vuestros comentarios…o vivencias.

G & G

CEPILLARTE

Podríamos inventar una nueva palabra, o incluso un nuevo significado, y es que lo que tenga que ver con cepillar y en este blog, puede dar mucho que pensar y no precisamente de forma políticamente correcta. Y es que cepillarse puede malinterpretarse, aunque un buen cepillo no siempre tiene que estar en casa.

Follar, cepillar, hacerlo… sexo, en definitiva, a todos nos gusta, ¿pero hasta qué punto?. Podemos conocer a alguien, volvernos locos, disfrutar como nunca del sexo, incluso llegarnos a plantear algo más y dar un paso al frente. Pero cuando llevamos tiempo sin pareja, hay cosas que nos asustan, que dejen un cepillo de dientes, por ejemplo. Es una especie de contrato, sí, de los que no sabes por dónde pillar, porque no es lo mismo quedar y disfrutar, a que te salpiquen el espejo del baño. Si hay que salpicar, que sea sobre nuestra piel.

Podríamos decir que un cepillo, bien puede quitarte la libertad, aunque si se elige bien, es muy posible que la disfrutes aún más. Pero qué miedo nos da perder esa sensación con “esa persona”, quizás desaparezca la magia, quizás deje de sorprendernos desnuda o desnudo en casa, o no nos vuelva a decir al oído que no lleva ropa interior mientras estamos en un restaurante. Miedo a perder ese morbo, esas ganas y cosquilleo entre nuestras piernas pidiendo guerra. Miedo a que el sexo se difumine con las rutinas, miedo al compromiso y a perder la esencia que nos hace libres.

Miedo a que en la cama nos deje de poner como perras o que deje de excitarnos cada vez que se levanta, porque tiene ese culo digno de agarrar y de mirar mientras pensamos en lo que le haremos a la vuelta. Creo que la solución está en probar si esa persona que nos cepillamos y nos cepilla es merecedora de dejar su cepillo hasta el próximo día que nos veamos desnudos, sin duda hay que catar una buena temporada y asegurarnos de que aunque pase la garantía nos va a seguir haciendo disfrutar dentro y fuera de la cama.

Una amiga me comentaba un día, que compró un pack de cepillos de dientes, por higiene, a veces hay un aquí te pillo y aquí te mato y la otra persona obviamente no suele llevar un cepillo de dientes a cuestas, y como tenía la racha de me he separado y la casa se me cae encima, ya le estaba saliendo caro tanto cepillo. Así que decidió no comprar más.

Ésto me hace pensar en qué se hace cuando simplemente es un polvo, porque quizás es bueno saber cuando uno se tiene que ir, aunque lo que me resulta violento y no sé si sería capaz, es cómo decir que se vaya, que no quieres despertar a su lado. Me decía un compañero de trabajo que si no había nada, él se despedía tras una noche loca de sexo porque no se quedaba a dormir nunca, y si había pasado en su casa ellas se iban. A mí, la verdad, me parece algo violento ese momento de “cierra la puerta por fuera, por favor” que ya me he corrido y quiero dormir.

Un cepillo es mucho más, es conseguirlo y hacer un gran trabajo de fondo, por dentro y por fuera. Ser capaz de tocar “la tecla”, la que hace disfrutar, jadear, dejarse llevar y probar cosas nuevas, porque tienes esa confianza que no has conseguido con otras personas, la que da el tiempo. Porque si hacerlo por detrás siempre te ha dado cosa, ahora es un ¿por qué no?. Porque nadie tiene un cuerpo perfecto, y aquí nadie se libra de complejos y miedos a que vean los defectos que creemos que tenemos, ahí sí que nos sentimos desnudos y sin filtros.

Pero es como todo, hay que asegurarse bien, y para éso nada mejor que seguir ensayando, y lo más importante, que te follen la cabeza, que tengamos ese enganche sano que te haga pensar en todas las cosas que llaman sucias y que hacen disfrutar tanto, para ponerlas en práctica, e incluso alguna fantasía para compartir. Nada como una buena ración de sexo antes de ir a lavarse los dientes, que las bocas pueden hacer muchas cosas junto con sus amigas las lenguas. Ay, lo que nos hacen disfrutar si las saben utilizar bien, ahí si que no importa el tamaño y sí el equipo.

Así que si te convence que deje su cepillo, cierra la puerta y sigue siendo tú, diciendo lo que te gusta y lo que no, porque el sexo no debería ser cepillado por un cepillo de dientes. Sí, hemos pasado la barrera de los 40 y aún así, los contratos nos imponen aunque puedan maquillarse con pasta de clorofila. Y si no te convence, cambia de cepillo y pasta, que no te dejen mal sabor de boca.

Ya me contaréis si habéis tirado muchos cepillos de dientes o si en vuestra casa sólo entra el vuestro. Sea lo que sea, disfrutad con quien os apetezca y dejad los tabúes de lado, tenemos la edad perfecta para sentirnos culpables y no quedarnos con las ganas.

Os dejo el enlace donde podéis escuchar Buscando mi abridor en Radio a Bordo, quizás os den alguna idea a poner en práctica y provocar alguna que otra situación. https://radioabordoonline.wordpress.com/category/buscando-mi-abridor/

Como siempre, un placer, hoy más higiénico que nunca. Os espero el próximo miércoles subiendo la temperatura y sin contratos de por medio, sólo el de hacer disfrutar.

Por cierto, agradecer a cada uno de vosotros los mensajes que dejáis en las redes sociales, Facebook, Instagram… donde nos podéis seguir y además me hará mucha ilusión veros por ahí e intercambiar opiniones, vamos a ver cuántos valientes de cepillos de dientes hay.

G & G

FANTASÍAS DE ELLOS

El otro día mencionábamos las fantasías, ¿pero cuáles son las de ellos?, algunas son muy típicas como la de tener un trío… éso les excita e impone a la vez, quizás por la responsabilidad de cumplir con ambas, porque son dos mujeres, no piensan en un hombre y una mujer, como quizás podamos hacer nosotras, así que vamos a ver si soy capaz de entrar en las cabezas masculinas y dar forma a esas fantasías, ¡qué excitante!, por fin entro en algún sitio…

Nunca se me había pasado por la cabeza acostarme con dos personas y además de diferente sexo, pero ese día me dije “por qué no”, así que me fui con él y su amiga. Supongo que las dos copas que había tomado me lanzaron a la aventura de saber qué se sentía. El era atractivo, se cuidaba y su sonrisa me cautivó, su amiga me lo puso fácil, para ella no era la primera vez, me entendía y me dijo que me ayudaría a relajarme, porque la verdad, estaba como un flan. Era una mezcla de ganas y un (pero qué estoy haciendo, es de locos).

Así que llegamos a su apartamento, al de él, puso tres copas de vino y tuvimos una pequeña conversación, sobre todo porque era mi primera vez y querían romper el hielo y que me relajara, la clave, dejarse llevar y disfrutar, que lo probara, y si no me gustaba, seguirían ellos dos. Creo que mi copa fue la primera en terminarse, es más, creo que la bebí de dos tragos. Él se acercó y me besó. Empezó por el cuello, rozando mis lóbulos hasta llegar a mis labios, los cuales se abrieron para jugar con nuestras lenguas. Y ella comenzó a acariciar mi pelo y retirarlo para ir desabrochando mi camisa acercando sus manos entre él y yo.

Comencé a bajar mi falda, dejando al descubierto mi ropa interior, quedándome en sujetador, tanga y medias negras hasta la mitad del muslo. Él dejó de besarme para acariciar mi pecho y besarle a ella. Por instinto, comencé a desnudarle y a dejarme llevar por la situación, era muy diferente a lo vivido y sin duda era éso, dejarse llevar. No había un orden, nada, simplemente tres personas deseando tener placer notando nuestra piel y respiración. Así que seguí deslizando mis manos hasta su pantalón con la firme intención de quitarlos, como haría con mi pareja en un momento dado.

No sentía celos por el hecho de que besara a otra, en cierto modo siempre estaba conectado conmigo, rozándome, acariciándome…besándome. Comenzó a subir la temperatura y nuestros cuerpos desnudos se tumbaron en la cama, y es ahí donde me dejé llevar por completo, sin perjuicios, sin miedos, sin pensar mas que en disfrutar.

Comenzó a acariciarnos a las dos hasta que se puso sobre mí, besando mi cuerpo, humedeciendo mi pecho con sus labios, bajando a mi sexo para acariciarlo con su lengua mientras notaba cómo subía mi temperatura y mi cuerpo se movía. Giré la cabeza y allí estaba ella, tumbada a nuestro lado, observando mientras se masturbaba, y él, mirándome de esa manera en la que me desnudaba aún más. Volvió a acercarse a mis labios rozándome entre las piernas, y acariciando mi pelo noté como entraba en mí, despacio, suave, pero sin llegar al fondo, jugando y dando placer mientras comenzaba a acariciarle a ella estando dentro de mí. Era tal al excitación que se respiraba y él dentro de mí que no pude evitar acariciar el pecho de ella, la cual me sonrió, quizás porque ella en algún momento se sintió como yo y recordó ese momento en el que rompió la barrera.

La barrera de la mente, de lo que nos han inculcado siempre. Noté entonces como salía de mí, despacio, deslizándose hasta el cuerpo de ella para cubrirlo con sus brazos mientras lo giraba y ella se ponía a cuatro, mirándome mientras él la penetraba con fuerza y sus pechos se movían al ritmo, así que mis manos los acariciaron mientras ella bailaba su baile y sentía placer por parte de los dos. Necesitaba tocarme, acariciarme, esa escena me excitaba, así que me tumbé y comencé a masturbarme hasta que decidí acercarme a él, y comencé a acariciar su cuerpo, a rozar mi pecho con su espalda, provocando que dejara de penetrarla para dejar su miembro entre mis manos para masturbarle y excitarle hasta el punto de que se corriera en la espalda de ella quedando exhausto, tumbándose en el extremo de la cama, entre mis piernas y las de ella.

Y ahí es cuando ella me besó y él con sus dedos comenzó a jugar en nuestros sexos, penetrándonos mientras un suspiro de placer nos inundó a las dos, nos tenía entre sus manos, introduciendo sus dedos en nosotras y acariciándonos con otro para darnos aún más placer, y vaya si lo consiguió.

Finalmente los tres desnudos, tumbados y cruzando las miradas, sí, me había gustado, nos había gustado y nuestras sonrisas se cruzaron, el placer nos había inundado.

Así que me levanté, me vestí y decidí que era hora de irme a casa. No sabía si volvería a repetirlo, pero desde luego no me arrepentía de haber tenido esa experiencia, aún tenía impregnado el olor de ambos, así que puedo decir que me acompañaron en cierto modo hasta la ducha, donde venían a mi memoria pinceladas de lo vivido, con momentos de incredulidad. Yo también había hecho un trío.

El sexo es disfrutar, sin duda, ya cada uno elige dónde y cómo. Los hombres son más de poner en práctica sus fantasías, y quizás nosotras de utilizarlas en nuestras cabezas por miedo a dejarnos llevar. Pero el estar dentro de esta fantasía me ha gustado, así que es muy posible que sigamos descubriendo esas fantasías masculinas en las siguientes publicaciones y que nosotras también debemos conocer y utilizar, dar y que nos den placer sienta muy bien.

Hasta el próximo miércoles y espero que alguno se sienta identificado. Por cierto, os dejo el enlace donde podéis escucharme en Radio a Bordo, siempre es un placer poder compartir charlas de algo tan natural como es el sexo.

https://radioabordoonline.wordpress.com/2020/10/29/complicidad-caricias-y-ropa-interior/

Espero vuestros comentarios y doy la bienvenida a los que han comenzado a seguir este blog.

G & G

MITOS EN EL SEXO

Bueno, bueno, bueno, la cantidad de mensajes que he recibido por privado de los calentones que algunos han sufrido con los últimos post. Éso está muy bien, que las temperaturas han bajado y no hay excusas para no mantenerlas en alza.

Acabo de leer un reportaje donde se menciona éso de “los hombres siempre tienen ganas de sexo”, y quién no, cuando alguien te pone, te pone. Ellos siempre se han llevado la fama, pero nosotras también tenemos ganas, también hacemos ojitos a un buen trasero, a una mirada que hace que te sientas desnuda y además te entren ganas de estarlo con esa persona. A mí un hombre también me ha dicho que le dolía la cabeza, hace años tuve migrañas y jamás para el sexo me dolió la cabeza… Es como si por la educación de antaño ellos siempre deben estar perfectos y nosotras nos podemos permitir a doña excusa o simplemente, nos pusieron la fama. No hay nada mejor que aprender a disfrutar del sexo, solo o en compañía, en pareja o de forma esporádica con alguien, qué más da. Si no te apetece, no te apetece, pero dejemos ya lo de me duele la cabeza. No hay nada mejor que llegar a casa y que te reciban con ganas, pero con ganas de todo para terminar despeinada, sudando y jadeando. Es la mejor forma de desestresarse, os lo aseguro. Y si hay música buena y cañera, la parte salvaje se despierta y será entonces cuando diremos, que dios nos pille confesados y desnudos.

Calentemos motores (luego calentaremos el resto)… llegar a casa y que te reciban con un delantal y nada más, hace que me venga a la cabeza Queen.

Imaginad, entramos por la puerta de casa, esa persona desnuda y con un “algo” dejando poco a la imaginación, provocando lo que viene después y arrancándote una sonrisa y la ropa, los zapatos y todo volando, viva ese desorden.

Podríamos llamarle un aquí te pillo y aquí te mato, algo que es tan necesario para romper esas rutinas, ni cama ni narices, al suelo y si está frío, a la alfombra, pero déjate llevar, que te reciban así, bien merece ponerle ganas y a disfrutar. Olvidarás el cansancio, y es que no hay mejor ejercicio que el buen sexo y que te sorprendan. No he entrado mucho en detalles porque todo ha sido tan rápido que no me ha dado ni tiempo, pero vamos a currárnoslo un poco. A lo mejor a alguien le da ideas para salir de la rutina, ésa que mata, y con la que cae ahora mismo, mejor tener a nuestras dos grandes aliadas, la imaginación y las ganas, os lo aseguro.

La persona que te pone y mucho, bien se merece una sorpresa, así que por qué no ir a su casa con ropa interior, de las que incluyen liguero, medias y por supuesto, transparencias. Si la intención es la que es, mejor no llevar mucho encima, una gabardina es suficiente, aunque vayamos todo el camino rezando para que no nos pare la policía. Merece la pena. Y es que entrar con taconazo y poca ropa… hace que todo se active y te acorralen contra la pared, besándote mientras te rozan la piel que está al descubierto, que es mucha. Y nosotras no podemos resistirnos a quitarle el pijama de estar por casa, porque íbamos a cenar tranquilos y cómodos. Así que todo resulta fácil de quitar para terminar en el sofá.

Y al llegar al sofá todo es poco, necesitamos sentir la piel del otro, algo atropellados por las ganas y las prisas pero con la temperatura subiendo cada vez más rápido. Sí, llegamos perfectas y ahora no hay nada en su sitio, los tirantes caídos y dejando ver parte del pecho, el cual es observado y acariciado por su lengua, las medias empiezan a enredarse quedando a la altura de las rodillas porque sus manos están retirando todo para comernos enteras y nosotras no podemos quedarnos quietas hasta acariciar lo que crece por momentos y nos pone cada vez más, y es que notar cómo aumenta en nuestras manos nos excita, porque sabemos que terminará entre nuestras piernas y éso nos vuelve muy perras. A quién no le gusta observar, somos cotillas por naturaleza, mirar nos pone en estas situaciones y hacerlo sin quitar todo, qué os voy a decir. Notar sin ver, ver entre transparencias, jugar con las luces, enredemos.

Y es que hay momentos y momentazos y los que no nos esperamos son los que nos excitan más, no pensemos y disfrutemos. Observar el cuerpo desnudo de la persona ante la que estamos siendo nosotros, con nuestro lado más sexual a flor de piel hace que nos excite aún más su mirada pervertida, de las que te hablan y te dicen “te voy a follar entera” y tu respuesta es morderte los labios porque lo estás deseando, al igual que llevarle al límite de la excitación, rozando tu cuerpo con el suyo, presionando donde sabemos y provocando para después.

Nos gusta que nos coman con la mirada y que nos coman, que no es lo mismo. Notar su lengua juguetear con nuestro sexo, labios, todo, para preparar el camino y dejarnos con las piernas bien abiertas esperando sentirle, y ayyyyy cuando entra y notamos ese calor y la presión de la excitación. Ahí es cuando la música es nuestra respiración y el baile, el movimiento de nuestros cuerpos, hasta llegar al final, en todos los sentidos, con una mirada cómplice y viendo el desastre que hemos dejado por el camino, pero que nos quiten lo bailado.

Entonces alguien corre a por las socorridas toallitas, ésas que no salen en las películas (y entre nosotros, algo de frescor, se agradece)…

Hoy os dejo a vosotros subir más la temperatura, a solas o acompañados, con juguetes o sin ellos, sólo os pido que si alguien os gusta, saquéis ese lado salvaje que TODOS tenemos y al que no le sacamos todo el partido posible, nada mejor que un cómplice con la misma mente sucia y divertida. Disfrutad y por favor, no dejéis de hacer locuras, dan la vida.

Hasta el próximo miércoles, que os despeinen mucho y os sorprendan. Espero leeros.

G & G

CERRANDO LOS OJOS

Hoy es uno de esos días en los que el cuerpo me pide hogar, olor a café (aunque no me guste beberlo), música de fondo y pies descalzos para juguetear con la manta. Adoro esos momentos de relax y desconexión tan necesarios en los que a veces cerramos los ojos y doña Imaginación nos abraza llevándonos a lugares sorprendentes donde somos los protagonistas y guionistas de una película hecha a medida.

Y es que soñar despierto hace que muchas veces aflore nuestro lado más salvaje y los deseos cultos, llegando a imaginar situaciones que en la vida real ni nos plateamos pero que con los ojos cerrados nos parecen excitantes. Así que ya en ropa interior y con una camiseta me dejo caer en el sofá mientras mis pies juguetean con la manta. Es ahí cuando la música comienza a sonar de otra manera y mi cuerpo se relaja obligando a los ojos a volver a la oscuridad.

Sólo entonces, es cuando Imaginación llega para hacerse notar, indagando entre mis fantasías para hacerlas tan reales… Me dejo llevar por el Jazz y la película de la que voy a ser protagonista, comienza.

Mis párpados se relajan y entonces la oscuridad se convierte en una habitación que me invita a entrar, no puedo ni quiero quedarme quieta, la curiosidad es más fuerte y mi corazón comienza a latir con más fuerza. Puedo observar como lo que pensaba que era una mesa, en realidad es una tabla totalmente perforada, tiene varios agujeros y aunque intento ver qué hay detrás de cada uno de ellos sólo encuentro oscuridad y silencio. Sin saber muy bien por qué, decido desnudarme y relajarme sobre ella.

Noto como mi espalda se siente cómoda por su temperatura agradable y mi corazón comienza a latir algo más despacio, el silencio hace que pueda escuchar su ritmo y la relajación hace que disfrute de ese momento a solas y desnuda, hasta que comienzo a escuchar murmullos debajo y es entonces cuando noto que mi cuerpo no puede moverse.

La angustia recorre mi cuerpo inerte y en ese momento comienzo a notar caricias, ahora entiendo el por qué de esos agujeros, así que lo que empezó siendo angustioso pasa a ser placentero. En mi interior algo me dice que me deje llevar, que no es malo. Varios dedos emergen por los agujeros y van recorriendo mi piel. Mis piernas, brazos, espalda y en esa mezcla de placer y miedo a lo desconocido noto como algo húmedo roza mi cuello. No sé si las caricias son de hombres o mujeres, quizás de ambos y pensarlo me excita. Me mentalizo de que estoy en una habitación del placer y el miedo desaparece mientras mi cuerpo desnudo se relaja de nuevo y disfruta de la sensación de ser recorrido por desconocidos. Cada vez noto más caricias y algunas se aproximan a mi sexo y donde la espalda pierde su casto nombre.

Nunca pensé sentir tanta excitación desnuda y sin saber quienes se estaban ocupando de darme placer jugando con sus dedos, lenguas y juguetes. Mis piernas temblaban, mi cuerpo necesitaba sentir dentro y no sabía si éso iba a suceder, hasta ahora sólo eran caricias y entonces mis piernas pudieron moverse, el placer se abrió paso y noté como unos dedos separaban mis labios húmedos para acariciar mi clítoris mientras me abría cada vez más esperando sentir más excitación.

Mantener los ojos cerrados me estaba costando, era todo tan real que no quería volver a la realidad, así que seguí en esa habitación, disfrutando de una experiencia donde el sexo era el dueño.

Cuando mi cuerpo se movía pidiendo más, noté como me penetró algo, despacio, con suavidad, era un juguete que vibraba casi tanto como yo pero era doble, y rozaba otra parte muy sensible de mi cuerpo, sin penetrarme, sólo rozándome, como si quisieran dejarme con las ganas.

Mi respiración cada vez era más fuerte, las caricias no paraban, mi cuerpo se movía por el placer, y la intensidad llegaba a mi sexo hasta que pequeñas contracciones y muy placenteras hicieron que el orgasmo llegara mientras era acariciada. Cada vez era más intenso, creo que todos estábamos excitados, no sabía si ellos estaban llegando al orgasmo conmigo o si estaban disfrutando tanto como yo o si disfrutaban dando placer, la cuestión es que llegaron más orgasmos hasta que mi cuerpo pidió relax, y fue ahí cuando los susurros desaparecieron, y sólo escuchaba mi respiración. Todo volvió a ser como cuando entré. Así que abrí los ojos y ahí estaba, sobre el sofá,con mi ropa interior húmeda y el corazón a mil.

Imaginación había enredado en mi cabeza hasta descubrir fantasías guardadas bajo llave, sabiendo que siempre serían fantasías, y las había utilizado para darme placer, creo que empieza a caerme mucho mejor aunque a veces se nos vaya de las manos o de los dedos, como hoy.

Tengo claro que me gustan los hombres, pero esa sensación de no saber… es excitante porque lo deseaba.

Seguro que a más de uno os ha pasado, fantasear, jugar y liberar la mente para sorprenderse muchas veces de lo imaginado, aunque siempre digo, que hay fantasías que siempre deben serlo y así poder utilizarlas cuando queramos excitarnos aún más, ¿no creéis?.

Sé que va a a ser complicado, pero sería interesante leer alguna vuestra, ahí lo dejo. Espero que doña Imaginación os visite hoy y lo disfrutéis.

Hasta el próximo miércoles. Recordad que también estoy en Radio a Bordo con muchos temas interesantes y sin tabúes, que es como mejor se disfruta todo, Buscadme…

https://radioabordoonline.wordpress.com/

G & G

QUE CORRA EL AGUA

No sé si os pasará, hay días en los que nos levantamos llenos de energía y con ganas de sexo y otros, nos levantamos muertos de sueño y con sexo ajeno, el de los vecinos, por ejemplo. Nunca entenderé por qué gritan tanto, si no se apellidan Williams y de serenas tienen poco. En fin, al menos hoy es un día cargado de energía, y no sé qué he soñado, pero sí, me apetece sexo, así que no sé si darme una ducha fría y que se me pase o prepararme un baño de agua caliente con espuma.

Decidido, tampoco había mucho que pensar, me quedo con el baño, al fin y al cabo hoy me puedo dedicar el día, estoy confinada y nadie me va a prohibir disfrutar.

Además me apetece dedicarme ese momento, así que coloco las velas donde no puedan quemar nada y evitar que la temperatura suba donde no debe, luz tenue y muy acogedora, añado gel con un suave olor a mandarina que tanto me gusta y dejo correr el agua con fuerza, para que la espuma cubra el agua que después me acariciará.

Mientras el agua va cubriendo la bañera, me desnudo despacio, disfrutando del momento, eligiendo música de fondo…

Y es entonces cuando no puedo ni quiero evitar bailar semidesnuda mientras escucho el sonido del agua y canto con Ella y Louis, desprendiéndome de la ropa interior y acordándome de la caja de juguetes, así que descalza, desnuda y bailando, entro en mi habitación y elijo con qué divertirme contoneando las caderas y el cuerpo entero al son de la música. Cómo me gusta transportarme a otra época con el sonido del piano y sus voces.

Adoro estos momentos, donde conviertes todo en especial y te los dedicas. Es necesario disfrutar de uno mismo, pero no de cualquier manera. Así que al ver que la bañera está casi llena me deslizo entre su agua caliente sumergiendo mi cuerpo, viendo como el pecho queda a medio cubrir con la espuma acariciando los pezones, los cuales pierden la timidez. Es entonces cuando las temperaturas se funden, haciendo un guiño a las ganas. Y llega ese momento de relax antes de ponerse manos a la obra para dar placer a las zonas del cuerpo que lo van pidiendo.

Y es entonces cuando deslizo mis dedos hacia mi sexo, mojado, deseando ser abierto, acariciado, sin evitar mover mi cuerpo por el placer, sintiendo su suavidad interior en cada uno de mis dedos. Es entonces cuando rozo mi clítoris, despacio, con mimo, mientras mis dedos siguen acariciándome por dentro, y mi excitación va en aumento abriendo aún más mis piernas.

Y es que hay momentos tan íntimos, tan nuestros, donde nos dejamos llevar y escuchamos la música cada vez más lejos por la excitación. Esa excitación que nos hace recorrer cada parte excitada, cada parte esperando una caricia, sentir los poros abiertos y sintiendo los latidos del corazón al ritmo de las caricias.

Y los orgasmos llegan, tímidos, hasta que las caricias les hacen ser mucho más visibles e intensos y no puedo evitar seguir acariciándome pero con menos delicadeza, porque el cuerpo ya me pide guerra dejando de lado la sutileza, y es ahí cuando llega ese orgasmo que te estremece, y que hace que un escalofrío recorra tu espalda.

Es ahí cuando te das cuenta que has perdido la noción del tiempo y el agua está más fría que caliente, que ya no hay espuma y puedes ver tu cuerpo desnudo bajo el agua, donde tus piernas abiertas han provocado tener que apoyar uno de tus pies en la pared para poder tocarte mejor y disfrutar más. Y es cuando te das cuenta que no has utilizado ningún juguete porque tus dedos tienen magia para transportarte al auténtico placer (ellos conocen mejor que nadie cada rincón de tu cuerpo) y tu mente ha imaginado que tus dedos eran de otra persona, ésa que ha hecho que llegaras al orgasmo al pensarla.

Siempre he dicho, que tenemos un cuerpo al que mimar y acariciar, a veces de una forma y otras como hoy, con mimo, y él se ocupará del resto, de guiarnos, de moverse de hacernos sonreír cuando el agua esté fría y nos invite a salir para cubrirnos con esa toalla que lleva observándonos desde que hemos entrado en su territorio.

Así que podemos decir, que es mejor que corra el agua, al aire, al menos en esta situación.

Disfrutad de un buen baño, dad rienda suelta a la imaginación y que las caricias hagan el resto. A veces salir como una pasita, es lo de menos. Espero que me contéis algún baño que recordéis especialmente, ya sabéis que me gusta leeros.

Recordad que también podéis escucharme en Radio a Bordo, en la casilla de Buscando mi abridor.

https://radioabordoonline.wordpress.com/

Hasta el próximo miércoles, deseando saber de vosotros y vuestros baños, Yo desde luego, lo volveré a repetir, no sé si sola o acompañada…

G & G

Y SE ACTIVÓ EL ENTER

Hoy he leído en una revista de las que no compro y sí leo cuando me toca esperar, que las mujeres deberíamos aprender a jugar con el frío y el calor… digo yo que lo divertido es que aprendamos todos para ponerlo en práctica, ¿no?, más que nada porque así podemos intercambiar ideas o frío y calor en nuestros cuerpos, haciéndolo todo mucho más divertido.

La verdad es que me he visto inmersa en la lectura hasta que me han llamado para un buen masaje relajante, no de los que me ponen nerviosa, acelerada y nos excitan tanto.

Son en esos momentos de relax en los que pensamos y nos montamos películas con alguien que nos da morbo o que hemos visto y no conocemos pero tiene ese algo que nos atrae y al que no sabemos ponerle nombre.

No sé si ha sido por haber leído ese artículo, pero hoy como que he mirado a mi alrededor de otra manera. Voy a ser más concreta, he pasado por un colegio y me he fijado en los padres que había, era una especie de escaparate de desconocidos, pero me ha llamado especialmente la atención uno, y claro, entre la información que traía de la revista, mi imaginación y ese cuerpo que gritaba necesito salir de la rutina (o a lo mejor me lo he imaginado en mi propio beneficio), pues doña imaginación ha vuelto a hacer de las suyas. No podía dejar de pensar en todo lo que había leído y ponerlo en práctica con él, y más cuando se cruzaron las miradas, me dedicó una sonrisa y entonces mi ENTER, se activó del todo.

Lo empecé a imaginar en ropa interior, con unos bóxer ajustados, ésos que invitan a ser quitados, y yo con un conjunto de encaje dejando ver la parte de mi piel más escondida. Estábamos hablando de subir y bajar la temperatura, así que no estaría nada mal, beber algo muy frío y besarle, recorrer su cuello mientras su piel nota mi lengua helada, la cual va recuperando su temperatura al estar en contacto con su piel, y él aún tímido, acariciando mi espalda hasta llegar a la parte del sujetador para liberarme de él. Lo confieso, estaba deseándolo desde que le vi, porque llegados a ese punto, sabemos que se quiere más. La temperatura de los dos empezaba a subir, las miradas hablan, y había ganas, muchas ganas.

La sensación era como cuando sabes que vas a tomar algo muy caliente y no puedes evitar quemarte porque lo deseas con tantas ganas, que no hay freno. Así que nos desnudamos y empezamos el juego con un hielo. Él se lo metió en la boca y fue recorriendo mi cuello, pecho, cintura, mientras mi cuerpo se estremecía y el agua se deslizaba por él. No sé por qué, pero mi cuerpo estaba más excitado, así que decidí comerle tras besarme y notar sus labios aún fríos por el hielo.

Me deslicé por su cuerpo, acariciándole, mientras el ventilador enfriaba un poco la habitación, era evidente que la temperatura había subido y mi cuerpo aún húmedo notaba ese aire mucho más, provocando a mis pezones, los cuales estaba dejando su timidez de lado.

Comencé a comerle, lamerle, jugar con mi lengua provocando más placer. Cogí uno de los hielos y enfrié mis manos para acariciarle mientras le hacía llegar a otro nivel. Comencé con la parte externa de mis manos, templadas, con mi temperatura y cuando noté esa piel de gallina en su torso acaricié sus pezones con la parte fría de ellas mientras estaba preso en mi boca. Noté un gemido y supe que ese placer no se lo esperaba y que le estaba gustando, era evidente, su cuerpo se movía de otra forma.

No pudimos ni quisimos dejar de sentirnos, recorriendo nuestros cuerpos, sudando mientras nos movíamos con tanto deseo y el ventilador erizaba nuestra piel. Respiraciones aceleradas, las ganas de sentirnos sin decirnos nada. Los dedos recorriendo nuestros cuerpos hasta que no pude evitar clavarme, llegando al orgasmo y sintiendo cómo él se derritió como un helado. Y no sé si os pasa a vosotras, pero cuando le sientes dentro y comienza a bajar el nivel, ese roce me pone de nuevo, mientras va saliendo poco a poco volviendo a su timidez. Nos quedamos tumbados, en silencio, extasiados y por qué no decir “disfrutados”.

Quizás no pude poner en práctica todo, pero me lo guardaré para la próxima vez que nos veamos o se encuentren nuestras miradas. Quizás él pensó algo también y lo pone en práctica conmigo. Lo que tengo claro, es que volveré a pasar por ese colegio a ver si se cruzan nuestras miradas y sube la temperatura.

Ains, qué dura es la realidad, vuelves a escuchar los gritos del colegio, y buscas esa mirada que ha provocado un cambio de temperatura en tu cuerpo, el cual húmedo, contacta con tu cerebro para que vayas a casa y termines la faena. Sí, quizás sea lo mejor. Ahora entiendo mucho mejor la palabra morbo.

Así que os voy a dejar hasta el próximo miércoles, mi cabeza piensa en ducha, no sé si fría o caliente…

Pero antes quiero compartir con vosotros algo que me hace mucha ilusión Radio a Bordo ha querido contar en su parrilla con buscando mi abridor, porque cada vez son más los que seguís este blog y ahora además, lo podéis escuchar cada martes, junto con más programas.

https://radioabordoonline.wordpress.com/2020/10/04/buscando-mi-abridor/

Espero que os guste y sigáis subiendo la temperatura, empieza cambiar el tiempo y es importante mantener el calor.

Hasta el próximo miércoles, mientras, espero leeros.

G & G

DESAYUNOS SALUDABLES

Sin duda, hay algo que está a la orden del día, la alimentación y el ejercicio. Y es que si uno quiere puede poner todo en práctica y de una forma mucho más placentera que como nos lo venden, os lo aseguro.

A mí me gusta ser el desayuno, no lo voy a negar, no hay nada más placentero al despertar que ser comida, lamida, mordisqueada y excitada a más no poder hasta que la humedad te invade. Sí, estar dormida, y despertar porque notas caricias por el camino que llega al sexo, siendo unos dedos quienes abren paso para que una lengua húmeda y llena de ganas te humedezca e invite a tus piernas a separarse, sabiendo que el placer va a ser tal que no pueden negarse.

Empezar a abrir los ojos, mientras esa lengua se mueve descubriendo nuevos rincones, nuevas sensaciones, provocando escalofríos haciendo que mis pezones salgan de su letargo y vayan despertando como yo, junto a mi cuerpo que comienza a moverse por la excitación. Sí, él, provoca éso cada mañana, o a media noche o cuando sea, porque para disfrutar no hay horarios. Y no puedo evitar acercar mi mano, acariciar su cabello y agarrarlo fuerte cuando mi excitación sube, mientras él hidrata mi piel y juega con sus dedos, lengua… consiguiendo acelerar las pulsaciones, porque sabe que me gusta y porque sabe que éso no va a quedar así, comenzando un juego de miradas, sabores y movimientos que provocan aún más placer.

Y es que no podemos evitar disfrutar de lo que nos gusta, saborearlo y hacer que despierten los sentidos y otras cosas. Llegando al límite, muy húmeda y sin poder resistir más, sigo mi instinto, su cuerpo, y ahora soy yo quien se desliza por su torso, humedeciendo el recorrido para no olvidar por dónde volver a su boca.

Mientras bajo, le rozo con mi pecho, aún con los pezones duros tras comerme, asi que le separo las piernas para colarme entre ellas y comienzo a acariciarle con mi lengua, arropándole con mi boca, moviéndome… Cómo me pone excitarle, presionarle con mis labios mientras mis manos le acarician íntimamente, erizando su piel y notando cómo pide más. Los cuerpos siempre piden guerra cuando han conocido un compatible.

Notar su dureza al comerle y después clavarme, siendo cómplices del placer, de miradas sucias y traviesas, sabiendo que al recordarlo volveré a estar húmeda imaginando esos momentos. Porque cuando hay complicidad, hay todo.

Y es que cuando dos cuerpos se caen bien, no hay dietas que lo superen, no hay retención de líquidos, aunque sí mucha humedad que viene muy bien para el resto de ejercicios ya que ayuda a deslizarse mejor por el cuerpo que nos pone. Incitación a querer más, a sentirse cerca, muy cerca y dentro, consiguiendo más excitación.

Dicen que el roce hace el cariño, pero un buen sexo engancha, vaya que si engancha, es más, muchas relaciones han empezado con muy buen sexo antes de iniciar algo más. No importa el orden, puedes empezar con sexo del bueno y querer conocer más de la persona y su cuerpo o pensar en prepararte un buen baño y dejar que tus dedos hagan lo que otro cuerpo no ha sido capaz. En cualquiera de las opciones tu cuerpo estará húmedo. Ahora tú decides qué desayuno te apetece más…

Hasta el próximo miércoles, espero leeros y que me informéis de lo bien alimentados que estáis.

G & G

¿PROHIBIDO?

Basta que te digan que no se debe hacer, para que tu cuerpo esté más predispuesto que nunca, a lo que sea. Adan y Eva, vaya aburrimiento, siempre las mismas vistas, aunque a lo mejor con el otoño, es todo más divertido por la caída de las hojas o de que caiga más de una copa de vino hoy.

Así que llegué a casa, abrí la botella de un blanco con su punto afrutado y salí a la terraza. Claro, una no quiere, pero empiezas a observar por las ventanas ajenas, y engancha. Hay una pareja en el edificio de enfrente, que es muy correcta, siempre de punta en blanco, ella tapada hasta las orejas, antimorbo total y él muy estirado, aunque soy de la opinión de que los que van de mosquitas muertas están mucho más vivos de lo que aparentan. Y ahí estaba yo, observando por si pasaba algo emocionante hasta que una luz del piso de arriba se encendió y me pareció mucho más divertido ver como una chica corría por toda la casa escondiendo cosas por los rincones. Y es ahí cuando me acordé de una vez que había quedado con un chico que estaba como el pan y yo tenía la ropa tirada por la habitación porque no terminaba de decidir qué ponerme ese día e iba justa de tiempo y no me acordé al invitarle a tomar algo. Así que salí corriendo del trabajo, llegué a casa, escondí todo por los rincones y le abrí la puerta como si nada y deseando todo.

Ese día mi cabeza y mi cuerpo no iban de la mano. Ella decía que mejor ser amable y no insinuarse y él, todo lo contrario, y es que la imaginación pensaba en ese cuerpo desnudo y me incitaba al pecado. Qué guerras tenemos a veces, y cuánto sube la temperatura según lo que se imagine y se haga. Así que le abrí la puerta, me saludó con dos besos, entró, yo intentando disimular mis nervios, porque estaba tan guapo con esa camisa blanca y sus vaqueros marcando lo que tenían que marcar, (una no es ciega) y como bien sabéis, yo me fijo en el culo, así que se agradece cuando una se queda detrás.

Además, traía una botella de vino con esas manos que mi cuerpo querían notar cerca, dentro, por todos los rincones, y mientras, intentaba bajar la temperatura de mi cuerpo y la rojez de mi cara, aunque era imposible. Quizás él estaba igual que yo, pensando y deseando lo mismo y por ser correctos nos estábamos perdiendo algo que nos haría conocer nuestros cuerpos mientras sudábamos, así que abrimos la botella y sí, las copas de vino fueron mis aliadas para acercarnos cada vez más hasta que nuestros labios se rozaron , pudimos saborearnos y la camisa blanca terminó en el suelo con nosotros.

Ahí es donde te das cuenta de que esa alfombra de diseño y que te costó un riñón es áspera y aguantas el tipo como puedes, al fin y al cabo, has conseguido que sus manos y tu cuerpo se entiendan a la perfección. Tras ese corte inicial, no sabes en qué momento, pero entran esas prisas por quitarse la ropa, ésa que empieza a molestar, porque los cuerpos piden piel con piel, recorrer con la mirada cada rincón, investigar con la lengua la sensibilidad de ese cuerpo que te pone, rozar con tu pecho su torso e ir bajando para seguir descubriendo, provocar que los cuerpos se muevan, busquen placer, y lo den. Notar cómo la respiración se acelera y las miradas se cruzan.

Sí, creo que lo deseábamos los dos desde que se abrió la puerta, o quizás desde que nos conocimos tomando algo en aquella taberna irlandesa. Lo que está claro es que si no nos dejamos llevar, nunca vamos a saborear estos momentos o esos rincones. Ver a esa chica corriendo me hizo recordar el placer de aquella noche y las veces que nos estuvimos viendo hasta que se acabó.

Decidí ponerme otra copa y volver a la terraza y sí, tenía razón, el estirado y la antimorbo en casa eran otros, estaban subiendo la temperatura y ella otras cosas mientras le quitaba los pantalones a él, y yo ya no pude ver más porque la ventana no era más grande, así que muy a pesar mío, decidí terminar mi copa de un trago e imaginar lo que pasaría y en cómo me iba a sentir al día siguiente si me los encontraba, ¡estaba cotilleando su vida sexual! y lo peor de todo es que empecé a notar un calor, que no sabía si era por el vino o porque observar me había excitado.

Creo que todos tenemos esos momentos de observar, de notar cómo la temperatura sube y cómo nuestro cuerpo nos pide una alegría. Y es que el placer como el buen vino, hay que saber elegirlo.

Os espero el próximo miércoles, seguro que más de uno cuando se sirva una copa, se asoma a la ventana…

G & G

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